martes, 29 de diciembre de 2009

A la mujer que amo



A la mujer que amo

le dejo mis versos llenos
de la luz de luna,
de magia esperanzada
que brota desde el alba,
le dejo mis noches eternas
de insomnio verdadero;
-No duermo por que no quiero
perder un solo instante
de su aroma o sus tiernos momentos-.


A la mujer que amo
le dejo mis dias vivos
y completamente despiertos,
las visiones maravillosas
de los sueños de sus sueños,
su mundo fabricado
de suspiros y latidos plenos.

A la mujer que amo
le dejo las palabras silentes
de mis labios dibujados
en el blanco manto de mi cuerpo,
le dejo la poesía instantánea y pura
que brota de la incansable noche
fría y oscura.

A la mujer que amo
hoy le confieso desde el alma,
la profunda sensación
que me dejo su alma;
toque su mundo sin tocarla a ella
sentí su cuerpo sin entregarme a ella...
viví a su lado una eterna primavera;
y aún sigo en el camino
que me lleva al exilio de su espera,
y sueño cada noche, cada día...
vivo... escribo... me alimento,
y regreso de noche a sus misterios,
a su voz de luna y firmamento,
suspiro... reanudo mi camino,
y en la plateada alcoba
bordada de estrellas,
miro cada noche su figura.

Observo su esencia permanente
sobre el tapiz del tiempo,
su sonrisa fugitiva que se plasma
en las lejanas líneas del horizonte;
sus manos pequeñas de hada
y su voz de cielo reencarnada,
su pequeñez extensa
y el eterno tatuaje que aún conservo,
con su nombre grabado
en lo profundo de mi alma...
se llama Inocencia,
se llama Ternura,
la mujer que amo
se llama dulcemente Dulzura...

A la mujer que amo
también le confieso:
-He sido solo tuyo desde el inicio,
desde el eterno despertar de mi llegada,
nací por ti, viví por ti...
y hoy que estoy lejos, lo sé,
todo tuvo sentido, la vida
la espera, el silencio...
mis lágrimas fallidas,
todo tuvo sentido al encontrarme
el día aquél que te encontré...-.


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