jueves, 15 de julio de 2010

Recordandote bajo el árbol...

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El Árbol de los sueños aún florece
en aquella que en otrora fuera nuestra colina,
de aquellos tiempos lo único olvidado
es aquella banca pequeña y solitaria,
donde un día tu y yo bebimos del amor
que eternos para siempre nos juramos.

Un día cualquiera en que el olvido
toma de mi mano, vuelvo a tu colina
a mi colina, y recuerdo entonces los aromas
envueltos en lo largo de tu pelo, la callada
sencillez de tu sonrisa pura, el mágico toque
de tu tacto recorrerme el frío del alma.

No hace mucho aún tus voces perseguían
en mis noches lunas llenas, y era la almohada
el baúl intacto donde todas tus memorias
del olvido se olvidaban.

Me quedo inmóvil tratando de encontrarte
entre los restos de los cantos de las aves,
que aún moran nuestro Árbol al despuntar el alba,
sus trinos calan con tu nombre la plenitud del alma...
acallo tus sonrisas que hacen ecos en mi mente
y vuelvo como siempre al punto, donde un -te extraño-
se hace diluvio de tristeza en los confines de mi mente.


La Soledad entonces viene, se enreda lentamente
entre los pliegues de mi carne inhabitada
y se desborda entera y complaciente por mis sienes,
lo embriaga a su paso todo dejando el estupor
de una mañana de resaca amartillando con tu nombre,
ese dolor inerte que resurge del silencio impregnado
sobre las sabanas que solo al canto de tu voz responden.

La noche deja de ser fruto prohibido,
el callejón oscuro no será mas aliado ni testigo...
y a pesar de que de todas mis memorias no te has ido
el espacio de tu mano entre mi mano,
es ya un punto y aparte del pasado y nuestra historia.

Mas el Árbol que florece aún en la colina
conserva tu imagen bajo su sombra,
tu mano es ya una cicatriz indeleble entre sus frutos
que ya maduros caen, sueños que se transformaron
en tus pasos, mis pasos, la vida que ahora fluye
con un latido nuevo en tu regazo...

La noche llega y se diluye lentamente en los segundos
que en silencio van marchando, estás ahí parada
bajo la luz del recuerdo que da forma a nuestras raíces
ahora transformadas, el árbol de los sueños...
que en estas vidas reales nuestras manos aún separa.