miércoles, 30 de marzo de 2011

Instantanea 3

     La noche se va diluyendo con las primeras sonrisas del alba, las voces de los hombres y las aves se confunden suavemente, la calle es un bullicio multiforme que culmina en una mañana fresca, seductora, aromática y con cuerpo, robusta como la taza de café expresso que despierta lentamente al adentrarse mis sentidos, la vida y su maquinaria invisible comienzan sus labores cotidianas, el destino toma ya las riendas de todos los mortales, y la muerte caprichosa, cigarro en mano espera ansiosa la hora marcada que al tiempo cercena con guadaña y tajo.

      El viento refresca las sienes de aquellos que antes del alba han comenzado una jornada, por que es tan cierto aquello de que al que Madrugada nuestro Dios lo ayuda, y con eso en la mente despliegan sus actividades sobre el horizonte, que por un rabillo nos muestra a ese perezoso luminoso que ya va despertando, extendiendo sigiloso sus extensos brazos que se cierran  escudriñando todos los rincones que se ocultan en los cerros,  espantando sombras que dormidas aún se encuentran debajo de las hojas, las rocas y los árboles  que observan su labor con sobrio esmero.

      La luna tímida hace entre nubes una pequeña alcoba, el día la sorprendió detrás de una cortina hecha de nubes, deslumbrada se maravilla del señor Sol y su matutina melodía, translúcida e inmóvil  transforma su imagen en serena espía del día, calladamente absorbe las historias, los sueños plenos de dulces fantasías, las horas y deseos mas íntimos del hombre, que yacen escondidos debajo de sus pieles.  Las necesita todas para dispersarlas en su reino, para convertirlas en sutiles instantáneas que luego serán sueños que el hombre necesita para sobrevivir la noche oscura y volver a ver el día.