domingo, 14 de agosto de 2011

Reencuentro.

 Los dias se han ido desde esa ultima cita
a solas y a ciegas que tuvimos,
desde ese ultimo roze que no dejo
entre la luna las huellas adecuadas.


Las horas y el tiempo frunciendo el cejo
miran de reojo estos caminares tan parejos
que asemejan lineas paralelas invisibles
sobre caminos dispares y extremadamente añejos.


Nos hemos evitado desde hace un tiempo,
aunque sabemos nuestra necesidad de fluir eternos,
mi soledad celosa desliza una venda sigilosa
sobre tus parpados que aún míos te pertenecen.


Cegándome profundamente hasta sumirme inmerso
en esa vaciedad que indolora lacera el alma misma,
suprimiendo de la palma de mis manos esa imaginación
constante que solía llenar las hojas blancas de mis días.


El silencio de la ausencia que habita entre nosotros
ha decidido por fin someterse  a la locura de esta noche,
ha decidido rendirse a esta sed incansable de redimir el  sueño...
la tinta por fin esta de fiesta, celebrando al fin este reencuentro.


Una letra, un sílaba de pronto una palabra, líneas y líneas
después de un tiempo, el maleficio ya cercenado levita
su fantasmal silueta sobre la sombra de mi voz en la paleta
de colores vivos que alimentan el hambre de mis manos.


Los trazos convergen antes de la aurora, antes de esa línea
luminosa que de golpe mata la oscuridad que es dueña de la noche,
y entonces el milagro del escriba aparece sobre un lienzo
que de esperar ya cansado luce, y nace de un sueño y de un silencio
el verso, el poema incallable que habitaba el otro lado de la acera,
por fin despues de tanto  nos hemos nuevamente condenado
a vivir esta simbiótica existencia hasta que el fin nos encuentre
solitarios, vacios y olvidados...
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