sábado, 23 de febrero de 2013

Después de la resaca...


Esta amaneciendo sobre la ciudad
y todo parece diferente después de la lluvia

las calles lucen sus mejores galas 
en esta mañana que de colores
inunda cada rinconcito que el sol
aun no calienta.


La fuente del parque brilla limpiecita
como aquel primer día en que su cantera
por vez primera sintiera con el agua dulce
el sabor de la vida.

El barullo de la plaza de al lado
se despierta entre olores y colores
de mi tierra ya tan conocidos,
el tasajo sobre los anafres, cebollinos...
chiles de agua asados... guaca-mole;
los aromas de las rosas y las flores
se confunden con el paso apresurado
de transeúntes  que atrasados
deciden olvidar el calor de esta mañana.

Los niños boleros comienzan a inundar 
las banquitas del parque, mientras al otro lado
frente al atrio grande feligreses entran ya
a la iglesia, y comienza así el repique de campanas
el símbolo inequívoco que marca ya el comienzo
de otra gran jornada.

El agua se evapora lentamente, 
sobre la cantera aun quedan pequeñas
charcas que intentan desafiar al sol,
pequeños remansos que de a poco nos recuerdan
esa cruenta batalla de los ciclos de la vida
que día con día comienzan a surgir.

En la acera de enfrente una pareja
hace malabares de una despedida, 
un anciano con vehemencia y sin reparos
atraviesa a paso firme ya el asfalto,
que empieza a desprender ese halo mágico
que deforma el aire acalorado.

Las palomas vuelan haciendo surcos y espirales
contra el viento; un pintor entre la sombra 
ya dibuja los primeros sueños, los trazos
inequívocos de un suspiro que quedará
colgado en la pared de una lejana tierra.

Me levanto y acerco mi pesadez extrema
hacia un costado, el agua del estanque me recuerda
la cruenta noche a la que he sobrevivido; 
humos, mezcales y cervezas,  tal vez... 
sí, tal vez algo de vino, y aquella compañía.

Refresco mi cabeza, mientras al fondo el gendarme analiza
sigiloso uno a uno todos mis movimientos,
pareciera que adivina todo acerca del silencio
que me envuelve la sonrisa que dibuja mi resaca,
y ella... ella solo ha dejado entre mis brazos
ese aroma de estupor tardío, de memoria y sal...

Que noche...
no hubo besos ni siquiera despedidas,
solo una pasión oscura y desvestida,
un arrebato de caricias bajo una luna
llena de temblores y sentidos...
uniones furtivas, lugares prohibidos,
noches sin testigos, que mas da si se me va la vida,
que mas da...
si lo valió una noche.


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