domingo, 23 de marzo de 2014

De catarsis y otras ironías... I




     El tiempo sin duda es una de esas cosas que dejamos olvidadas en cajones viejos, uno mas de los mil pretextos nunca usados antes que deambulan bajo las almohadas, sin duda alguna es esa parte inhabitada que poluta con memorias los confines áridos de nuestra mente, nos ciega y nos burla, nos arranca los segundos de nuestras vidas de manera certera y deshumanizada, simplemente nos cercena las ideas y aquellos sueños que no pasan de esa línea insípida que se oscurece al despertarse el sol con la mañana.

     Hoy no es una buena noche, afuera mis hermanos lobo siguen siendo tan salvajes y tan errados, la luna sin duda de hoy los enloquece, y yo quiero salir a danzar también esa frenética poesía que entierra en nuestras carnes la sutíl locura de la luna, esa misma que nos hace bestias entre humanos, locos, perdidos e indomables, la trasformación se acerca, siento en la carne ese trémulo bullicio, esa picazón que hiere desde el alma hasta los huesos, y lo sé muy bien, pronto su llamado dará vida a los excesos.

     Mi sangre hierve como lo hace el pavimento cuando el sol hace los suyo, mis manos dejan ya de ser las extensiones con falanges que sirven solo para aprisionar estrellas, estas garras solo lastiman, solo matan y destrozan la belleza que es la vida; mi respiración se agita mientras libre recorro las calles lúgubres y escasas de gente, esa gente, la misma que corrompe nuestros sueños y nos incita a merodear los bajos y oscuros altibajos de una vida que se niega a descansar.

     No comprendo lo que sucede mas allá de esas fronteras donde la noche y el silencio se hacen aliados imposibles, donde mis ojos detenidos parecieran perderse bajo la perpetua inquietud del que sabe no mas de lo necesario, del que permite que su mente sea una bastarda ironía de la locomoción del aire que emana entre los rostros desvencijados de transeúntes cabizbajos e inseguros,  solo se que debo continuar bajo la luna, reconociendo esos fragmentos errantes que se llaman sueños, transmutando el fuego que origina de la noche en nuestras garras cosquilleo, y olvidando nuestra errante naturaleza humana, si...

     Olvidar, olvidarnos y olvidar...
esa es nuestra única tarea. 
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